Factores que influyen en la marcha humana

Algunos de los más importantes factores son: la edad y el calzado, pero hay otros factores como el sexo, la carga transportada, la flexibilidad y complexión del individuo, el miembro dominante (dominancia), etc., que también afectan a la marcha, presentan una influencia menor o bien no se le ha prestado mayor atención.


Influencia de la Edad

No puede decirse que la edad sea un factor, en el sentido estricto de la palabra, sin embargo, desde su nacimiento, cada persona experimenta un proceso de aprendizaje y evolución de su patrón de marcha, hasta alcanzar lo que se denomina un patrón adulto, y que a edades muy avanzadas sufre otras modificaciones.




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Influencia del Calzado

El calzado merece una atención especial en el estudio de la marcha humana. Dado que el contacto con el suelo se realiza mediante él, resulta evidente que debe afectar, en mayor o menor medida, a la marcha.

Ciertos aspectos del calzado revisten un mayor interés desde la óptica de la marcha humana: la presencia o no de tacón y su tamaño, la capacidad de amortiguación, su peso, aspectos de rozamiento, control de movimientos, rigidez, distribución de presiones, posible relación con patologías, y un largo etcétera. Sin embargo, la mayor parte de los estudios existentes se ha focalizado en el análisis del tacón, particularmente en calzado femenino, y en aspectos de amortiguación. Lo cual se analizara a continuación

Influencia de la capacidad de amortiguación

Durante la marcha, los miembros inferiores están sometidos a una serie de cargas, derivadas de su interacción con el suelo. En los instantes de contacto inicial, dichas cargas son más bruscas, pudiendo incluso hablarse de impactos. La onda de choque se refleja en un pequeño pico de muy corta duración en la fuerza de reacción vertical, y se transmite por las estructuras esqueléticas hasta la cabeza (Light et al., 1980; Wosk y Voloshin, 1981; Voloshin y Wosk, 1982). Algunos autores han relacionado la existencia de este tipo de cargas durante la marcha con daños en las estructuras elásticas, como el cartílago articular (Light et al., 1980; Voloshin y Wosk, 1982), con la aparición de patologías degenerativas o por sobrecarga (Jorgensen y Ekstrand, 1988; Jorgensen y Bojsen-Moller, 1989), e incluso con el aflojamiento de prótesis (Light et al., 1980).

El cuerpo humano posee una serie de mecanismos naturales de amortiguación, cuya función es proteger el organismo frente a estas acciones de naturaleza impulsiva. Algunos de estos mecanismos ya han sido descritos, (ver mecanismos de optimización de la marcha)

Sin embargo, el primer mecanismo del cuerpo que entra en acción es la almohadilla del talón
(heel pad), en su papel de establecer el contacto inicial con el suelo. La almohadilla del talón es una masa flexible, de unos 18 mm de espesor, situada entre el calcáneo y la piel de la planta del pie, formada básicamente por tejido adiposo. Su capacidad de absorción de los impactos es muy elevada, pudiendo verse perjudicada por traumatismos y aumentada por confinamiento (mediante un vendaje, contrafuerte o complemento apropiado, o incluso por el propio calzado), especialmente en sujetos con la almohadilla degenerada (Jorgensen y Ekstrand, 1988). Jorgensen y Bojsen-Moller (1989) encontraron que incluso mostraba un comportamiento superior al de algunos materiales amortiguadores.

La intensidad del choque, además de depender de la capacidad de absorción de impactos del aparato locomotor del sujeto, viene determinada por una serie de factores externos, como su velocidad de marcha, el modo de contacto con el suelo, el calzado, si lo lleva, y el tipo de terreno.

De entre todos ellos, el calzado es el que ha despertado un mayor interés desde la óptica de la marcha humana, puesto que, incidiendo en su diseño, pueden modificarse sus características amortiguadoras.

La importancia del calzado como amortiguador del impacto del talón ha sido recalcada por Lafortune y Hennig (1992), quienes encontraron diferencias significativas entre caminar descalzo, con calzado de cuero y con calzado deportivo, en la fuerza de reacción vertical, en la aceleración longitudinal de la tibia y en la derivada temporal de ambas, en el instante del impacto. Mediante el uso de calzado de calle se obtuvo una reducción de un 36% de la carga máxima del impacto, y de un 28% en su derivada. Los valores correspondientes a las zapatillas fueron de un 46% y un 80%, respectivamente.

La influencia del tipo de calzado y de la utilización de plantillas absorbentes en la distribución de presiones plantares ha sido analizada por Bransby-Zachary et al. (1990), quienes describen dos instantes de impacto. El primero corresponde al contacto inicial mediante el talón, y el segundo, que denominan "impacto del antepié", se produce en el instante de contacto completo del pie. Los autores estudian este último, registrando la presión bajo las cabezas del primer y tercer metatarsianos. Las presiones máximas promedio se reducen en un 32% con el uso de calzado. El efecto atenuador de las zapatillas en la presión bajo el primer metatarsiano es de un 60%, frente a un 17% de las plantillas. La presión en el despegue no se ve modificada por el uso de plantillas.

Influencia del tacón

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El calzado femenino ha tenido, y tiene, asociado un mayor número de consecuencias negativas para la salud que el de caballero. El uso del tacón alto determina las mayores diferencias, de modo que las mujeres son las que presentan más alteraciones asociadas al hecho de utilizar calzado. El calzado femenino viene, en su mayoría, definido por una serie de normas sociales y estéticas, considerando como secundarias las repercusiones que, sobre la salud de la mujer, puede tener dicho diseño. Es un calzado caracterizado por la presencia de un tacón más o menos alto, una puntera estrecha y puntiaguda, una base de apoyo del pie, y en especial del retropié, muy estrecha y un escaso control del retropié. Su uso es una cuestión de moda, un atributo de elegancia; sin embargo, los valores sociales, psicológicos y estéticos son contrarrestados por un gran número de efectos negativos: su utilización continuada puede tener una serie de efectos secundarios que hay que tener presentes (Soames y Clark, 1985; Bader, 1987; Valenti, 1987).

La altura del tacón (medida desde el suelo hasta el punto de encuentro entre tacón y suela, aunque en calzado con plataforma se resta el espesor de la suela en el antepié), suele dividirse entre tacón bajo, mediano y alto. El tacón bajo abarcaría desde su inexistencia hasta unos 2 cm de altura, el tacón medio oscilaría entre una altura de 3 y 5 cm y el tacón alto (también llamado de aguja o stiletto) comprendería alturas superiores a 6 cm.

El tacón modifica la posición del pie y del resto del cuerpo, lo que producirá una alteración postural del cuerpo, en posición estática, y una modificación de la distribución de cargas y presiones plantares en el pie, relacionadas con alteraciones en el patrón de marcha y en la forma de contacto con el suelo. Existen abundantes estudios acerca de la influencia del tacón en la bipedestación y en la marcha, analizando el reparto de cargas, la distribución plantar de presiones y sus posibles efectos sobre la salud de la mujer.